Un balón, una oportunidad, por Óscar Périz

By Farhampton Mag - febrero 11, 2018



El baloncesto, como otros deportes como el fútbol, es un deporte concebido como un idioma más, como una religión a la que jóvenes (y no tan jóvenes) se aferran como si de una vía de escape se tratara, como si practicarlo sirviera para abstraerse de otros problemas existentes.
Y en muchos casos es así. Muchas historias nacen de esa semilla, y para DeAndre Ayton (Bahamas, 1998), actualmente considerado uno de los jugadores llamados a dominar en la NBA en un futuro no muy lejano, una vía para huir de la pobreza de las Bahamas fue esa: el descubrimiento del balón naranja.
Hace ya cerca de unos siete años, DeAndre era un chico hiperactivoque cambiaba continuamente de escuela y que frecuentaba con malas compañías del barrio de Nassau, en las Bahamas. Y pese a que sus padres le inscribieron a un instituto privado para intentar que se centrase, nunca finalizó sus estudios allí.
Ayton, entonces, ni se había planteado entonces siquiera jugar al baloncesto. De hecho, prácticamente ni había tocado un balón antes de dejarse convencer por su madre, casi a suplicas, de que asistiera al Jeff Rodgers Basketball Camp, un prestigioso campus de baloncesto organizado en las Bahamas.
La única experiencia deportiva de DeAndre por aquellas se podía traducir únicamente en las pachangas de fútbol que se jugaban en su barrioJugar al baloncesto era una experiencia completamente nueva para él, así que su torpeza con el balón y desconocimiento de las normas del baloncesto era patente.
“Lo hice terrible”, decía Ayton. “Se rieron mucho de mí. Recuerdo una vez que salté sin tirar el balón. Pensé que aquello era una finta”.
No obstante, aquello le cambió la vida al joven, ya que a los entrenadores asistentes al campus poco les importó que Ayton conociese menos el juego que otros. Varios quedaron prendados de la agilidad y coordinación de ese chico de 12 años tan alto, cuya técnica que se iría desarrollando con el paso del tiempo. Era un diamante en bruto.
Tras el campus, un rayo de esperanza aclaró el futuro de DeAndre, que nunca pensó hasta ese momento que el baloncesto se convertiría en una parte crucial de su vida. Uno de los técnicos asistentes al campus contactó con los Ayton y les cedió el contacto de Reggie Jordan. Jordan habló a la familia de Shaun Manning, un entrenador afincado en San Diego y co-fundador de California Supreme, equipo correspondiente al circuito AAU de baloncesto de instituto.
Manning, hablando con Ryan Stone, filántropo también residente en San Diego, surgió la idea de crear un programa de baloncesto para desarrollar jóvenes jugadores. A raíz de esa idea, Manning sacó a la palestra el nombre de un chaval procedente de las Bahamas del que le habían hablado hacía un par de semanas, y Stone no tuvo inconveniente en invitar a DeAndre y a su madre, Andrea, a San Diego.
En California fue donde surgió la primera oportunidad para DeAndre, la de librarse un futuro mejor lejos de la pobreza de las Bahamas.
vía USA Today
En el día que pisó el gimnasio de San Diego, con las miradas de Stone y Manning, DeAndre era un manojo de nervios. Poco importó que su técnica en el tiro, entonces, fuera desastrosa, porque era algo que con el tiempo se podía trabajar. Fueron su capacidad física, coordinación y potencial los aspectos que convencieron a Stone y Manning de que Ayton debía quedarse en San Diego para desarrollarse, y así también lo creyó la madre del chico, que lo vio como una posibilidad única para que su hijo se alejara de Nassau para construirse un presente (y futuro) mejor.
“Sólo quería salir de las Bahamas. Me prometía a mí mismo que sacaría a mi familia de la pobreza”, aseguraba un joven Ayton.
Al cabo de poco tiempo, Ayton se trasladó a San Diego para vivir bajo la tutela de Shaun Manning, el cual se encargaría de todas sus necesidades. DeAndre fue inscrito a una pequeña escuela privada de Balboa City, y puesto que no contó con equipo de baloncesto hasta su año sophomore, entrenaría su juego junto a Manning en un gimnasio local.
Poco a poco, el trabajo diario daba sus frutos. El bahameño jugó algunos partidos con equipos de la AAU de los que Manning era entrenador y demostró que su progresión desde que llegó a San Diego estaba siendo más que positiva.
2012/13 fue el año en el que DeAndre Ayton empezó a destaparse como uno de los jugadores a tener en cuenta en el futuro. Ya en octavo grado en el instituto, el de Nassau se exhibió en torneos AAU disputados en Portland y Salt Lake City y también en un campus llevado a cabo en California. Aquellas exhibiciones repletas de mates, movilidad y versatilidad despertaron el interés de scouts, webs y curiosos. Ayton dejó de ser un secreto y, de pronto, pasó a ser uno de los jugadores a seguir de su generación.
vía ESPN
Aprovechando la meteórica progresión de Ayton, a Manning le fue más fácil reclutar jóvenes jugadores para Balboa, y eso llevó a Ryan Stone a traer más presencia veterana para mejorar la calidad de su programa de formación, llamado Force Sports Foundation. Respecto a eso, Manning recomendó la contratación de Zack Jones, un viejo conocido que hasta la fecha había sido entrenador de un instituto Horizon de San Diego y fundador de diversos programas deportivos en escuelas de la zona. Jones sería contratado para el programa de Stone y para Balboa City School.
No obstante, en verano de 2013, se vería que aquella contratación terminaría con un choque entre las filosofías de Jones y Manning, haciendo imposible su co-existencia en Force Sports y terminando con el despido del segundo. Aquello, además, haría que Manning dejara su puesto como entrenador de Balboa City School, una vacante que ocuparía el mismo Jones, que además acogería a DeAndre en su casa durante los próximos dos años.
Ese mismo verano, Nike invitó a Ayton a participar en la prestigiosa LeBron James Skills Academy de Las Vegas y, por inri, disputó partidos de exhibición ante equipos de la NCAA en su Bahamas natal. El pívot despuntó con un doble-doble (17 pts y 18 rebotes) en la victoria de su combinado ante North Carolina. Entonces, con solo 16 años.
La temporada 2014/15 fue el primer año de baloncesto en Balboa City School, un instituto fundado en 1991. DeAndre Ayton, como no, sería el máximo exponente del equipo californiano, que en la primera temporada de su historia firmarían un balance de 17 victorias y 14 derrotas y con el de Nassau promediando 21 puntos, 16 rebotes y 3.8 tapones, registrando 21 dobles-dobles en 22 partidos de temporada regular. Y no sólo eso, ya en verano de 2015 participaría con Supreme Court, equipo de la AAU, en el circuito de high school de Under Armour. Ayton volvía a despuntar, promediando 16.5 puntos, 13.5 rebotes y 2.2 tapones en el torneo. Hasta ese momento, el pívot ya medía la friolera de 7’1 pies, era dominante y ya estaba clasificado entre los tres mejores jugadores de la generación.
A poco de empezar su año junior de instituto en Balboa, DeAndre Ayton anunciaba su intención de cambiar de aires ante la sorpresa de su entrenador, mentor y también considerado su “padre americano”, Zack Jones. Con la ayuda de sus padres, tomaba esa decisión de abandonar el lugar que le vio nacer como jugador, poniendo rumbo a la Hillcrest Prep Academy de Phoenix, Arizona, donde residían algunos familiares y amigos de la familia Ayton.  Allí terminaría su periplo en el instituto, donde brilló con luz propia en sus temporadas junior (29.2 puntos, 16.7 rebotes, 3.8 tapones) y senior (26 puntos, 15 rebotes y 3.5 rebotes), coincidiendo en el mismo equipo con otro de los jugadores más destacados de la generación, Marvin Bagley III (ahora en Duke).
vía USA Today
Fue a principios de su año senior que DeAndre Ayton decidió que su futuro universitario estaba ligado a la universidad de Arizona, una decisión que, además de suya, contó con una gran influencia por parte de su madre. “Fue una decisión suya, prácticamente”, aseguraba Ayton a una radio local. Pero por otra parte, sintió que Tucson era lo correcto porque se sentía como en casa.
“Él [DeAndre] habló con los entrenadores de todos las universidades que visitó, así que tuvo la posibilidad de decidir donde quería ir. Dijo que le gustó Kansas City, pero decidió Arizona porque allí se sentía como en casa. Le gustó el ‘underdog’ y para él fue sencillo decidir”, decía Alvin, su padrastro. Kentucky, Maryland, Duke o Kansas eran otros posibles destinos para el de las Bahamas.
Actualmente, DeAndre Ayton es un jugador dominante en la NCAA y candidato a ser el próximo número 1 del Draft de la NBA. Es diferencial respecto al resto de rivales por físico, movilidad y envergadura. Anota desde el poste bajo, desde el perímetro, sabe pasar el balón, condiciona tiros y atrae defensas. Con él, Arizona es firme candidata a alzarse con un título nacional que se le resiste a los de Tucson desde hace años.
Aquel día que ese joven de más de metro noventa de Nassau apareció sin estar ni mucho menos convencido de sus posibilidades al Jeff Rodgers Basketball Camp, nadie creía que se convertiría en lo que es hoy. Ni él mismo sabía que esa corta experiencia le abriría las puertas a un futuro mejor, que haría del baloncesto su vida.
“Nadie realmente sabía que iba a ser así de bueno. Ni siquiera yo lo vi, pero pude ver el proceso. Tan pronto como tuve el balón en mis manos, realmente quise jugar contra los mejores y ser el mejor.”
Ese (bendito) balón naranja, esa otra oportunidad.
Publicado en Farhampton Mag

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